Me amo, me cuido, me escucho, me agradezco y me perdono.
Me amo, me cuido, me escucho, me agradezco y me perdono.
aunque siga en proceso de sanación, puedo decir que hoy 26/5/23 estoy muchísimo mejor que hace 4 meses atrás y me agradezco todos los días la fuerza que tuve y tengo para día tras día seguir adelante y no quedarme hundida, y descansar en el proceso, porque si de algo estoy segura y puedo afirmar, es que el proceso es agotador, desgastante, desesperante, pero te convierte en una persona fuerte, resiliente, esperanzadora.
Todo está bien, soy fuerte, no me identifico con mis pensamientos, todo pasa, y entre otras frases alentadoras que me repito cuando mi cabeza se convierte en mi enemiga.
Me amo, me cuido, me escucho, me agradezco y me perdono.
Me acuerdo que lloraba pidiendo volver a ser yo, que no me sentía la misma de antes, llorar frente a la psicóloga diciéndole que tenía miedo a no volver a tener la misma alegría que solía tener o siquiera volver a tenerla, mientras estaba en mi peor momento a nivel mental. Y claro, cómo voy a volver a ser la misma de antes si tuve un crecimiento personal que no me permite volver a ser la misma Lucía que era a los 17/18/19 años… Y nunca fui tan consciente de mi existencia, de mi misma, como lo estuve siendo este último tiempo. Quise agarrarme con todas mis fuerzas a lo que fui, que me estaba olvidando lo que soy.
“Le pedí a Dios crecimiento y de repente todo empezó a salir mal. Fue mi etapa más oscura, toqué fondo. Me preguntaba el por qué de mi situación, hasta que entendí que justo Dios me había colocado en una posición donde la única salida es crecer. Me dio exactamente lo que pedí.”
De la nada estás tranquila y de repente te acordas que estás viviendo en una esfera de tierra y agua que flota en el medio de un universo “vacio” y oscuro. Nothing makes sense
Este último tiempo me dejé como nunca antes, o al menos que recuerde, lo hice.
Perdí la conexión conmigo misma, con mis placeres, con mis cuidados, con mi esencia, con mi magia, con mi ser, con Lucía.
A veces me siento una extraña, como si no fuera yo.
Me pongo a ver cosas viejas y digo, esa SÍ soy yo. Esa SÍ es mi esencia. Y me pongo a preguntarme, ¿Quién era? ¿Qué me gustaba? ¿Qué amaba? ¿Qué cambié? ¿Qué deje ir? ¿En qué me descuidé y no me protegí? Y todas esas preguntas me llevan a la simpleza con la que vivía y la magia que encontraba en cada pequeño detalle, en cada partícula de la naturaleza, en cada placer que para mí lo es y para otros es un desperdicio de juventud. No me hacia drama por nada, o es lo que creo yo, pero amaba mi vida, y eso también lo perdí. Amaba quien era, amaba mi carácter… y mejor dejo de escribir hasta acá porque ya me está haciendo poner mal.